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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 210 | Septiembre 1999

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Nicaragua

Ocotal: una urbanización más humana

No todas las experiencias de reconstrucción post-Mitch han sido lentas, fallidas o insuficientes. En Ocotal se viene desarrollando una iniciativa muy interesante, casi ejemplar. En la construcción de viviendas para los damnificados, Ocotal ha descubierto claves esenciales para un desarrollo humano y sostenido.

José Luis Rocha

Difícilmente se encontrará en Nicaragua un municipio con un parque central mejor cuidado que el de ocotal. El verde y las flores asoman por los cuatro costados. Pulcros andenes lo atraviesan desde diversos puntos hasta confluir en un quiosco central. Cada cosa en su sitio y la municipalidad en el de todos. Son cuatro los jardineros que -por encargo de la alcaldía- se aseguran de que este prodigio subsista a pesar de la escasez de agua y el trasiego de los pequeños comerciantes. El parque no es un lujo. Es sólo un símbolo de la orientación de la actual administración municipal.

Mientras le damos una vuelta al parque, en dirección a las oficinas de la municipalidad -también adornadas con un espléndido jardín-, Marta Adriana Peralta, alcaldesa de Ocotal, nos explica: "A finales del 97 iniciamos un proceso de planificación estratégica para el desarrollo sostenible con participación ciudadana. Se discutió en torno a cinco mesas temáticas: economía, medio ambiente, turismo como generador de empleo, planificación social y urbanismo, y los aspectos sociales, entre los que destacamos el enfoque de género y políticas municipales de atención a la niñez. Estábamos por ensamblar nuestro plan estratégico, con el aval del Concejo Municipal, cuando vino el Mitch. Quedamos totalmente incomunicados, como una isla rodeada del un mar de escasez, sin recursos de ningún tipo. La carretera hacia Honduras estaba totalmente destruida. Entonces, suspendimos el plan estratégico."
Como en muchos otros municipios del país, el huracán Mitch impuso en Ocotal una nueva agenda, dentro de la que, sólo gradualmente y pasada la emergencia, se ha ido introduciendo nuevamente el tema del desarrollo. Pocas municipalidades han tenido el cuidado de que ese desarrollo sea un proceso "donde la gente importe" y donde se tomen medidas de prevención contra futuros desastres. Ocotal es una hermosa excepción.

El municipio más urbano de Nicaragua

La alcaldía nos facilita diversos documentos que ha diseñado con información básica acerca del municipio, fundamentalmente ocupado por la ciudad de Ocotal. Ocotal fue fundada en 1543. Está a 226 kilómetros al norte de Managua y a sólo 24 de la frontera con Honduras. Cabecera del departamento de Nueva Segovia y escenario de las batallas de Sandino contra los marines, Ocotal tiene actualmente una extensión territorial de apenas 140 kilómetros cuadrados, donde viven 29 mil 544 personas. Como en el resto de Nicaragua, su población es mayoritariamente joven: el 55% no pasa de los 19 años. El peso de esta población dependiente es significativo en el grave contexto actual de desempleo.

El 98.9% de los ocotaleños está concentrado en la ciudad. La densidad poblacional a escala municipal es de 211 habitantes por kilómetro cuadrado y a escala urbana de 48.45 habitantes por hectárea. Estamos ante el municipio más urbano de Nicaragua. De ahí las actividades económicas predominantes: el 80% de la población económicamente activa y con empleo se dedica a prestar servicios y al comercio. Esta terciarización de la economía obedece también a la ubicación geográfica del municipio, cercano a la frontera con Honduras y sobre la carretera panamericana, y a su condición de cabecera departamental. También al subdesarrollo de la industria local. Pero ni las actividades comerciales ni las de servicios ni la débil agroindustria artesanal son capaces de absorber toda la mano de obra disponible. El 60% de la población económicamente activa estaba desempleada antes del Mitch. Esta cifra debe haberse incrementado con la recesión económica que trajo como secuela el huracán. Sólo un dato: durante la emergencia, 4 mil damnificados fueron ubicados en 33 refugios, lo que debió significar la parálisis de varios brazos económicos.

También del carácter eminentemente urbano se deriva el tipo de daños que causó el Mitch. Cruzada por los ríos Dipilto y Coco, la ciudad de Ocotal fue fácilmente inundada. Toneladas de lodo obstruyeron sus calles y devastaron la escasa infraestructura vial. El paso del Mitch significó la inmediata pérdida de los servicios básicos, especialmente el de agua potable, que con muchas dificultades apenas han logrado restablecer las autoridades municipales.

Ocotal contaba antes del huracán con un total de 5 mil 151 viviendas. El Mitch afectó el 25.6%. De las viviendas afectadas, 344 resultaron enteramente destruidas, y entre destruidas y semidestruidas en terrenos no aptos para volver a construir se cuentan casi 500 viviendas. Este fue el reto para la municipalidad y para la cooperación internacional. Las nuevas casas serán construidas en una nueva área de urbanización, lo que supone el diseño de un barrio más en la ciudad, con todas las dificultades aparejadas: conseguir el terreno, prepararlo, sensibilizar a la población que deberá ser reubicada, construir las casas con requerimientos técnicos, llevar los servicios básicos de agua, electricidad, recolección de basura y canalización de aguas de desecho al nuevo barrio...

Las lecciones del Mitch

Después del diluvio del Mitch, y en pleno apogeo de las actividades de rehabilitación, algunos ciudadanos se dieron a la tarea de extraer lecciones del drama vivido. "Para que la próxima no nos agarre en curva." Las comisiones de los barrios -que jugaron un papel determinante en el momento de la emergencia y de la rehabilitación y que debieron enfrentar las debilidades institucionales, logísticas y de todo tipo del municipio- se reunieron para reflexionar sobre sus experiencias y extraer lecciones con las que estar mejor preparados para enfrentar futuras emergencias. Fue un esfuerzo tan poco habitual como necesario. Sin duda, quedaron muchas lecciones dispersas, como estuvieron dispersos algunos vigores, y cada familia o individuo tendrá algunas experiencias muy par- ticulares, pero entre las de rango más general que atañen al desempeño organizativo y municipal, se destacan algunas.

La primera lección es que los gobiernos municipales deben conocer mejor las competencias que les da la Ley de Municipios, especialmente las que tienen para garantizar la gobernabilidad y para proteger a la población en períodos de emergencia.

La ausencia de una ley que determine competencias y jerarquías, y que distribuya funciones durante las emergencias fue ampliamente señalada como una debilidad básica en la prevención de desastres. En Nicaragua, los desastres y las emergencias se suceden unas a otros, como eslabones de una cadena interminable, con el agravante de que encuentran a todos los actores sociales, especialmente a los institucionales, inalteradamente desprevenidos. Una vez pasado el momento de la emergencia, en un país con una agenda política y económica tan cargada y erizada de obstáculos, la preocupación por los desastres naturales -no obstante ser monumentales obstáculos para el desarrollo- pasa a un segundo plano. No debe ser así, aunque la prevención de desastres sea un proyecto sin rentabilidad electoral. Esta prevención compromete instituciones, requiere tanto coraje como capacidad técnica, y demanda voluntades.

Defensa Civil en crisis

Segunda lección. Debe constituirse la Defensa Civil como un mecanismo permanente y con misiones y tareas bien definidas y asignadas. Y hay que contar con un manual de Defensa Civil acorde a la realidad y a las características de cada municipio. La constitución de un sistema nacional de desastres donde la Defensa Civil -dependencia del Ejército- juegue un rol protagónico ha sido una aspiración que se enciende con cada desastre y que se extingue apenas decrece la lucidez que propician las emergencias.
La realidad es que con el declive de la actividad bélica y, en consecuencia, con el descenso del protagonismo del Ejército, resulta alarmante la reducción de presupuesto y de recursos humanos con que se ha visto afectada la Defensa Civil. Las millonarias inversiones del Ejército no han frenado la acelerada reducción de las actividades de la Defensa Civil, que ha visto mermado su personal y ha sido obligada a suplirlo con miembros de otras áreas del Ejército, generalmente personal sin los conocimientos ni la experiencia que requiere trabajar con la población civil. El equipamiento de la Defensa Civil también ha sufrido una notable reducción. Quizás futuras inyecciones financieras del Centro de Coordinación para la Prevención de Desastres Naturales en América Central (CEPREDENAC ) consigan reactivar la Defensa Civil.
Tercera lección. La capacidad de convocatoria del gobierno local para aunar esfuerzos e impulsar acciones con las instituciones del Estado, las ONGs y las organizaciones de la sociedad civil es fundamental.

Fue clave en la emergencia y en la rehabilitación de Ocotal el liderazgo que asumió el gobierno municipal. En el momento de la emergencia es necesario que alguna institución o algún líder tome la batuta. Durante el huracán, muchos alcaldes lo hicieron, pero más como fruto de su liderazgo natural que de una disposición formalmente instituida. Aunque los liderazgos locales sean básicos para articular esfuerzos y coordinar actividades, es preciso que una ley asigne competencias, jerarquías y funciones, de manera que los liderazgos locales sean jurídicamente reforzados o sustituidos, en caso de que no los hubiera. Esto evitaría que con cada emergencia el gobierno central cree instancias ad hoc y cambie de responsables o -como ocurrió durante el Mitch- asigne un rol preponderante a los párrocos, no siempre calificados para trabajar en emergencias y líderes de una sociedad que no es exclusivamente católica.

Presupuesto mínimo y recursos básicos

Cuarta lección. Es necesario tener identificados los recursos, infraestructuras y medios logísticos con los que enfrentar emergencias. Hay que contar con bodegas, pista de aterrizaje, un surtido completo de herramientas para labores de rescate en cada barrio y fuentes alternativas de servicios: flujo eléctrico, agua, teléfono, etc.

Quinta lección. Dentro del presupuesto municipal hay que incluir una partida mínima básica para atender desastres. Esto no deja de ser utópico. Las municipalidades nicaragüenses no son autosostenibles financieramente. Salvo la de Managua -que cubre gastos de sus más altos funcionarios que no debería cubrir...-, las alcaldías no tienen capacidad financiera para prestar todos los servicios que el aparato central, en un oportunista proceso de descongestión -presentado como descentralización-, les asigna sin asignarles las correspondientes partidas presupuestarías. Sin embargo, aunque en la realidad se tropiece con muchos obstáculos y se dependa en muy gran medida de la cooperación internacional, resulta importantísimo contar con un fondo inmediato que posibilite las primeras acciones mientras se accede a otras fuentes.

Saber participar, saber consolar

Sexta lección. La planificación urbana orientada a un crecimiento ordenado de la ciudad, en armonía con el ambiente físico-natural, previene desastres.

Lección siete. Mejorar la calidad de los materiales de construcción de las viviendas, rescatando las técnicas tradicionales de los antepasados -revalorizadas en la actualidad- se vuelve otra medida de prevención.

Lección ocho. Resulta indispensable estar en comunicación permanente con las comisiones de barrio -instancias básicas de participación ciudadana-. En los barrios de Ocotal resultó clave la labor de personas con sentimientos de solidaridad, con capacidad de organización y con propuestas viables en momentos de emergencias.

Lección nueve. El municipio cuenta con la energía solidaria de amplios grupos de jóvenes organizados que se ofrecieron como apoyo en las labores de atención de la población afectada. Generalmente, esta capacidad se subestima y se subexplota. Quienes tuvieron alguna preparación militar durante los años de la guerra y quienes participaron en esos años en las más diversas organizaciones tienen un valor inmedible en una emergencia.

Lección diez. Es necesario producir información -mapas del municipio y de la ciudad- y saberla usar.

Lección once. Hay que valorar el nivel de conocimientos y experiencias en planificación que tiene el personal de la alcaldía para prevenir desastres y planificar el desarrollo del municipio.

Lección doce. Se vuelve clave conocer y respetar las creencias y costumbres de la gente para así aumentar su fe, su esperanza y otros valores espirituales en el desastre. Esto les sirve para fortalecer la autoestima que necesitan para enfrentar los momentos difíciles.

Undécimo mandamiento: no correr

Una vez superado el pánico de la emergencia, y con el gradual restablecimiento de los servicios básicos y el levantamiento de champas que hicieron las veces de habitaciones provisionales para descongestionar los refugios, la municipalidad -con apoyo de la cooperación externa- se dio a la tarea de construir un nuevo barrio para quienes quedaron sin viviendas y para quienes las tenían semidestruidas y en zonas de alto riesgo.

"Teníamos el problema de las casas destruidas y el de las no destruidas que quedaron en los farallones" Benfatiza la alcaldesa-. 420 familias debían ser reubicadas. Un barrio entero. Como las personas son lo más importante, todos nuestros esfuerzos se dirigieron hacia las viviendas. En los 22 barrios de Ocotal trabajaron las comisiones de barrios, sin distinciones políticas ni religiosas. Eso evitó disconformidades. Una comisión técnica de la alcaldía visitó a los damnificados y evaluó los daños en las viviendas. Así determinamos quiénes serían los beneficiarios de las nuevas viviendas. Con un saldo de la emergencia, compramos 34 manzanas de tierra para al menos 300 casas, en una urbanización con todos los requerimientos técnicos. Un solo barrio, para no dispersar esfuerzos. La solidaridad vecinal nos libró de las especulaciones. Y muchos pueblos del mundo nos apadrinaron, fruto de esa cooperación internacional que hemos cultivado con esmero".

Una rápida construcción de muchas viviendas serviría, entre otras cosas, para evitar los "duelos congelados" propios de los traumas post-desastres. Restablecer el entorno es un factor clave para restablecer la sicología. No obstante esta justificada urgencia, en Ocotal se decidió buscar también seguridad y estética en las nuevas viviendas. El estilo de la urbanización -al que tan poco cuidado se le ha prestado en Nicaragua- ha ido cobrando relevancia en muchos países de las sociedades industriales avanzadas como un factor determinante en la sanidad sicológica y en la identidad de individuos y comunidades.

Una buena parte de los beneficiarios del actual proyecto de vivienda provienen del barrio Nuevo Amanecer. La anterior administración municipal de Ocotal tuvo muchas presiones para la construcción de viviendas y como válvula de escape creó en los años 90 este barrio, situándolo sobre una antigua pista de aterrizaje, convertida después en basurero. Fue una solución precipitada y el problema lo heredó la actual alcaldía.

De la anarquía a la racionalidad

Las nuevas construcciones promovidas tras el Micth han sido objeto de variadas denuncias. Entre ellas, la del ingeniero Carlos Láinez Granados, quien acertadamente observó que, por razones económicas, existe en Nicaragua una anarquía en la construcción de viviendas. Para Ocotal, Láinez hizo un llamado a observar las normas mínimas de riesgo sísmico -y otras- en la construcción, y reveló que se había estado empleando una arena que no reunía las condiciones mínimas exigidas por esas normas. Señaló también que no existía una supervisión técnica sobre la proporción adecuada entre arena y cemento y que las paredes altas carecían de viga intermedia. La denuncia fue bien planteada, pero los medios que la recogieron no aclararon que las observaciones se referían exclusivamente al proyecto habitacional de ADRA -organización no gubernamental de origen británico- y no al proyecto de la municipalidad de Ocotal.

Aunque exista una presión social sobre las alcaldías para la construcción de viviendas, el propósito final de una construcción es garantizar la vida de las personas. En su ejecución, el proyecto de ADRA no se adecuó al plan sometido meses antes para su aprobación ante a las autoridades municipales. Por eso, la alcaldía decidió actuar. El 18 de agosto, la alcaldesa de Ocotal dirigió a ADRA una carta haciéndole ver la necesidad de reunirse para discutir aspectos técnicos de la construcción antes de continuarla. Entre las anomalías señalaba éstas: la construcción se asentaba directamente sobre capa vegetal, la viga asísmica era insuficiente, no había viga intermedia, el "ancla" de las columnas sólo tenía diez centímetros, las ventanas estaban adosadas a las columnas -lo que debilita aún más la estructura-, y el maestro de obras no había tenido una supervisión técnica sistemática. La alcaldía proponía buscar soluciones y supervisiones nacionales. De acuerdo con la Ley de Municipalidades, este género se supervisiones son competencia de las alcaldías, aunque pocas ejerzan esta facultad.

Ciudades: crecimiento indetenible

Ocotal está creciendo y, visto el peso de su población joven, lo hará a un ritmo más acelerado. Urbanizaciones diseñadas sin una racionalidad que las humanice y que tenga en cuenta los desastres naturales, pueden convertirse en potenciales desastres antropogénicos, los causados por los seres humanos.

Muchas ciudades africanas, asiáticas y latinoamericanas crecen hoy desmesuradamente. Dos y tres veces más aceleradamente que la población total de los respectivos países. En Africa, por ejemplo, un crecimiento urbano del 6% anual ya no llama la atención. Pero, visto con más atención, esto significa que su población se duplica cada doce años. Un alocado crecimiento que en las metrópolis europeas y norteamericanas tardó cien años o más en producirse.

Los seres humanos han vivido en comunidad desde tiempos ancestrales. Fue precisamente la vida en comunidad lo que nos hizo inteligentes, lo que desarrolló el cerebro de nuestra especie. Pero hasta 1850, las ciudades concentraron no más del 6% de la humanidad. A fines del siglo XIX más de 13 ciudades superaban ya el millón de habitantes. En 1950, 65 ciudades tenían más de un millón de habitantes. Desde entonces, el crecimiento urbano se ha hecho indetenible. En 1965 había en el mundo 126 ciudades con una población superior al millón de habitantes, a principios de los años 80 eran 228, y a final del siglo XX serán más de 400. Al crecimiento de ciudades y metrópolis se debe más del 80% del crecimiento demográfico en el transcurso de la última década del siglo que termina. Se estima que para el año 2000, más de 1 mil 300 millones de seres humanos colmarán las más grandes ciudades.

Es posible que Ocotal no tenga que soportar ritmos tan acelerados de crecimiento. Se deberá, en gran medida, a que muchos de sus habitantes -especialmente los más capacitados profesionalmente- emigrarán hacia Managua. La economía local no está suficientemente desarrollada como para absorber las fuerza de trabajo local en los diversos campos en que se ha capacitado.

¿Por qué emigrar a las ciudades?

En todo el mundo, millones de seres humanos conviven apiñados, sin disponer de agua potable, electricidad e instalaciones sanitarias. ¿Qué los empuja hacia las grandes ciudades, donde en muchos casos apenas sobreviven en condiciones infrahumanas? La respuesta es que, pese a todo, su incierta posibilidad de sobrevivir es mayor en la ciudad que en el campo, como acertadamente lo señalaba en estas páginas el economista italiano David Parrilli (envío 204, marzo 99). En las grandes ciudades hay más escuelas y hospitales y -al menos en la economía informal- hay también más trabajo.

En Perú, casi la mitad del PIB se genera en la capital, Lima. Casi el 40% del PIB tailandés se concentra en Bangkok. Del PIB filipino, la cuarta parte corresponde a Manila. En uno de los informes de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Raúl Prebisch advirtió: "No se han examinado aún en profundidad todas las consecuencias que estos hechos han tenido sobre la migración del campo hacia las grandes ciudades latinoamericanas, manifestación grave e impresionante de desequilibrio económico y social. No cabe duda que esas migraciones tienen que ocurrir, como tampoco cabe dudar que el mayor progreso técnico del campo tenderá en general a darles más impulso. Pero, ¿por qué ha de concentrarse la población desplazada en esas grandes ciudades? ¿Por qué no se queda en el contorno rural, en poblaciones pequeñas y medianas, ocupada en industrias y servicios que satisfagan en parte las necesidades del mismo campo? ¿Por qué razones se observa en América Latina este crecimiento extraordinario de las grandes ciudades, en desmedro de las medianas y pequeñas, fuera de toda proporción con lo que ha ocurrido en los países más avanzados?"
Sucesivos impulsos de congestión en las migraciones a las grandes ciudades -a Managua, en el caso de Nicaragua- concentran la demanda en las ciudades, en un movimiento en espiral que se refuerza a sí mismo: como Managua concentra mayor población, también concentra más demanda y más posibilidades de empleo. La importancia social de redistribuir geográficamente los ingresos es evidente. Los profesionales se concentran en la capital porque allí satisfacen sus aspiraciones salariales y laborales. Ellos generan la demanda de servicios, que después vienen buscando quienes se desplazan desde las áreas rurales. Pero ese incremento en la demanda se revela un espejismo cuando la mayor parte de los migrantes rurales termina trabajando en el sector urbano informal en empleos mal remunerados, vendiendo agua helada y toallas, cuidando y lavando carros, con todos sus sueños truncados en una ciudad que no estaba preparada para recibirlos y habiendo dejado ya atrás zonas rurales y ciudades pequeñas conocidas y potencialmente más acogedoras, como Ocotal, pero que no les ofrecieron oportunidades para retenerlos.

¿Cómo descongestionar Managua?

La célebre economista danesa Esther Boserup considera que la vida en las ciudades y una mayor densidad poblacional han corrido paralelas con los saltos evolutivos en tecnología. La presión poblacional ha demandado innovaciones tecnológicas y ha permitido la aglomeración de habitantes en ciudades de cada vez mayor tamaño. En Nicaragua, el incremento poblacional y la migración a las ciudades no han sido acompañados de un desarrollo tecnológico que beneficie a la mayoría de la población ni a quienes emigran o a quienes se quedan.

Ahí está el reto para ciudades como Ocotal. ¿Cómo desarrollarlas de manera que sus ciudadanos las encuentren acogedoras -con servicios básicos y estéticamente atractivas- y prometedoras -con oportunidad de variados empleos-? ¿Cómo lograr que se descongestione Managua? ¿O que Ocotal y Managua crezcan a ritmo similar?
Los proyectos de desarrollo urbano deben actuar simultáneamente a varios niveles: nacional, municipal y barrial. La redistribución geográfica de la población y de la renta nacional pasa por la redistribución geográfica del presupuesto nacional. Se trata de un paso elemental. Las alcaldías podrán ofrecer los servicios necesarios si cuentan con un presupuesto satisfactorio. Una vez logrado esto, quedaría el reto, no menos arduo, de proporcionar empleo a ese 60% de desempleados. No hay señales en esta dirección. De momento, políticos municipales y planificadores urbanos están librados a su suerte. Las inversiones en transporte y energía, la redistribución de tareas en los planes de descentralización, la construcción de viviendas o la promoción industrial y artesanal son conceptos difícilmente realizables, casi como sueños. Hasta ahora no aparecen en los planes de desarrollo urbano.

El actual proyecto de viviendas que lleva adelante la municipalidad de Ocotal es un buen referente de cómo se puede avanzar en dirección correcta. Toda construcción indica cómo se comprende -bien o mal- ese estrecho vínculo que existe entre la persona y su entorno. De hecho, construir pensando que la gente importa es el mejor sistema para prevenir desastres naturales. Y construir de manera que sea posible una vida humana, es la mejor forma de facilitar la vida comunitaria.

¿Cómo lograr un barrio humano?

¿Cómo lograr que un barrio no sea una monótona hilera de casitas? Uno de los errores más frecuentes de las urbanizaciones es la destrucción de los espacios públicos. Un barrio con corazón tiene que tener parque, canchas deportivas, centro de salud, escuelas, lugares de esparcimiento. Todo esto ha sido planificado en el nuevo barrio de Ocotal. Incluso hay espacio para una capilla católica y un templo evangélico. "Con la reconstrucción de las casas Bseñala la alcaldesa-, los arquitectos buscaron una urbanización participativa. Eso significa que quedaron juntos los que antes juntos vivían, para que no pierdan sus relaciones." Las redes sociales -sustento de la comunidad porque constituyen el vecindario- son respetadas en el nuevo barrio. Los beneficiarios también participaron en el diseño de la vivienda, al que añadieron una enmienda: la puerta trasera de la casa debe dar paso a la cocina, en nave separada, tal como está dispuesto en la vivienda campesina tradicional cuando ésta tiene todo lo que debe tener.

Es obvio que no se puede reponer todo lo que la gente tenía y perdió con el Micth. Los "talleres de oportunidad" han sido un espacio de discusión y sensibilización para que la gente tome conciencia de lo que vivió, de su significado, de que pueden venir otros desastres naturales, de que el cambio puede producir desarraigo y violencia, y de que hay intereses personales que pugnan por privar sobre los comunitarios. También hubo una concientización casa por casa con los futuros beneficiarios de las nuevas viviendas.

Rumores de un país polarizado

Muchos de los beneficiarios no quieren mudarse, aunque viven hoy en áreas de alto riesgo. Tras su negativa alientan los motivos más variados: desde la insatisfacción por el tamaño del lote y el apego a su lugar hasta la arraigada cultura de subsidio, que empuja a muchos a no querer pagar la casa -sólo 50 pesos (unos 4 dólares) mensuales sin mantenimiento de valor durante 10 años-, a pretender que se les reconozca el valor de su anterior vivienda y a no aportar los sesenta domingos de trabajo voluntario en la construcción que, a modo de prima, les da derecho a establecer el contrato con la alcaldía.

Hay también diversos grados de incertidumbre asociados al hecho de que la vivienda sea pagadera en un plazo de diez años, y a que mientras tanto la alcaldía retenga las escrituras, que no podrán ser negociadas, por ejemplo, en el sistema financiero, por la sospecha de que sólo se beneficiará a los sandinistas o de que el Presidente Alemán ofrecerá mayores comodidades a quienes permanezcan en sus barrios.
Algunos de estos rumores -como muchas difamaciones e improperios contra el personal de la alcaldía, incluyendo a extranjeros que brindan su trabajo de manera voluntaria-, han sido vertidos irresponsablemente por La Voz del Pinar, emisora local que, por estar ciegamente al servicio del PLC en el gobierno, no advierte que, si sus calumnias surten efecto, los grandes perdedores serán los damnificados, que difícilmente verán aparecer otra oportunidad como ésta.
Ya existe el compromiso de que el gobierno central instale -con financiamiento taiwanés- el fluido eléctrico en el nuevo barrio y se sabe que no habrá instalación en otra zona. Esto lo saben muy bien los ideólogos de La Voz del Pinar cuyos mensajes encuentran entre los más crédulos a quienes no tienen su vivienda tan deteriorada.

A pesar de todo, las nuevas viviendas se están construyendo y, hasta donde se pueda, se rescatarán las comunidades. Al inicio del proyecto, algunas viviendas se construyeron sin los requerimientos técnicos. Esto se en- mendó con la asesoría de arquitectos de Cuba y de profesores de la Universidad Nacional de Ingeniería, que capacitaron a los albañiles en normas de construcción y en la preparación de adobe mejorado.

Adobe: lo viejo y lo nuevo

El adobe que se está usando en Ocotal es fruto de una combinación de técnicas tradicionales y estudios recientes. Como técnica tradicional, se incorpora hoja de pino a la mezcla, elemento del que prescinde el adobe convencional actual. En Ocotal lo han rescatado. Un grupo de mujeres está dedicado a picar la hoja de pino, lo que da mayor consistencia a los adobes y a ellas les da empleo. Los adobes que se están empleando son más pequeños y livianos que los convencionales. Se fabrican cuatro tipos, de acuerdo a la posición que ocuparán.

Las innovaciones de estas viviendas surgen de prestar atención a dos rasgos. En primer lugar, se procura que el ancho de la pared, su espesor y su altura, guarden ciertas proporciones. "Esa mampostería tiene sus parámetros Badvierte John Hamilton, uno de los técnicos que dirige la construcción-. Una pared de tres metros de altura, debe tener 30 centímetros de espesor. La relación es de 1 a 10. Así se evita que ocurra lo que ocurrió en las casas construidas después del Micth en el Momotombo, que se desplomaron al primer temblor". El otro parámetro del que habla Hamilton es más profundo que las dimensiones de una pared: "Actualmente, sólo tenés derecho a vivienda si estás incorporado al mercado. Pero los seres humanos tienen derechos por el mero hecho de seres humanos. Por eso hay que buscar lo mejor para la gente: una vivienda digna para gente digna, una vivienda que eleve la autoestima."
El segundo rasgo innovador es el monitoreo regular de los adobes para asegurarse de que la mezcla incluya las dosis adecuadas. Generalmente, por cada 50 carretillas de tierra roja, se añaden 25 carretillas de arena de barranco y tres sacos de pino. En ocasiones, la cantidad de arcilla puede variar, lo que se compensa cambiando la dosis de arena. De lo contrario, se producirán fisuras en los adobes.

La municipalidad ha montado una pequeña fábrica de adobes. Organizados en grupos de cuatro, 52 hombres son capaces de producir 3 mil 500 adobes diarios, algo más de los que requiere la construcción de una vivienda. Preparan la mezcla -que necesita 48 horas de agriado para dar una mejor textura-, moldean (gradillan), voltean para el secado y limpian, raspando la orilla para emparejar. Esta fábrica podrá pertenecer en el futuro a sus trabajadores y podrá ofrecer sus productos a nuevas construcciones de Ocotal.

Innovaciones técnicas y sociales

Así como los adobes, la estructura de las casas cuida los detalles. Construidas por albañiles y carpinteros -incluso electricistas- surgidos de entre los mismos damnificados, las viviendas han contado con una supervisión técnica constante. De ahí sus rasgos adecuados. Un contrafuerte o columna sobresale para darle estabilidad a cada pared. Este contrafuerte no ha estado nunca presente en las construcciones de Ocotal y de todo el norte de Nicaragua. Se trata de una innovación técnica del proyecto.
Otra innovación: la base o rodapié de concreto impide que el adobe esté en contacto directo con el suelo y sea socavado por animales, por la humedad o por corrientes de agua. "En la época de lluvia -observa Hamilton- los bloques de adobe de la base se saturan de agua, pierden su consistencia y toda la estructura puede venirse al suelo porque esos bloques son el soporte. El rodapié libera al adobe del contacto con el agua y da más seguridad a la casa."
Fue un trabajo de equipo decidir qué elementos integrar para hacer una vivienda más acogedora y capaz de resistir la sismicidad local. El resultado son casas con cuatro divisiones: dos cuartos, una sala-comedor y una cocina en nave independiente. El costo por unidad es de es 2 mil 500 dólares. Los damnificados pagarán por ellas unos 6 mil córdobas.

Todo el trabajo está supervisado por una contraloría social que garantiza que las comisiones de los barrios desarrollen una gestión más honesta. El nivel de participación es enorme, lo que garantiza que no se separe lo técnico de lo social. Los beneficiarios tienen que apropiarse de su vivienda y sentirse sus dueños desde el inicio. Como decía una de las beneficiarias del proyecto: "Una vivienda es la dignidad de tener la frente en alto, y por eso trabajo por mi vivienda."

"El albañil no lo olvidará"

En Ocotal se ha logrado combinar construcción y prevención, se combina una reubicación que respetan las redes sociales -los lazos vecinales- con una construcción al estilo de la vivienda campesina, y con una reconstrucción que suma transferencia tecnológica. Como destacaron John Hamilton y Ramón González, gerente de la alcaldía: "El albañil que trabajó con nosotros no olvidará cómo trabajó con nosotros. Queremos difundir estas técnicas."
El reto será cómo mantener estas políticas bajo la presión de una demanda ascendente de viviendas urbanas y de la más perniciosa presión de muchas iniciativas que son frenadas por el tabú de la propiedad privada, jamás tocada en beneficio de la sociedad. El reto es cómo alentar una racionalidad en la construcción urbana no presionada por metas cortoplacistas y limitadas, sino por la armonía del conjunto y por la seguridad ante futuros desastres. No hay duda de que lo más productivo es apoyar iniciativas de este tipo. En Ocotal no son sueños, ya son realidad.

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