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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 147 | Abril 1994

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Nicaragua

El jícaro: árbol sagrado y respuesta económica

Con productos del jícaro se pueden alimentar las personas, el ganado, la industria, los automóviles y las cocinas. El jícaro es también una trascendental respuesta para democratizar la ganadería, dando oportunidades a los pequeños ganaderos.

Raquel Fernández

Los antiguos códices mayas narran cómo del sagrado jícaro nació la liberación del pueblo. Recientes investigaciones científicas están encontrando en este árbol respuestas económicas que podrán contribuir a la liberación de nuestros empobrecidos campesinos. El jácaro sabanero es un árbol muy frecuente en el paisaje de la zona occidental árida de Nicaragua, en el trópico seco. Tan abundante que hay que tener cuidado para que no crezca y se desarrolle en cualquier patio o jardín. El árbol es bonito. Su tronco leñoso y sus ramas retorcidas se elevan con gracia durante la temporada seca. En la estación lluviosa se llenan de pequeñas hojas verdes que tiemblan con el viento.

Durante todo el año lo adornan las jácaras, redondas u ovaladas pelotas verdes que aparecen en las ramas donde menos se espera, porque no son un fruto, sino una excrecencia de la parte leñosa, un bulto del tronco. Desde tiempo inmemorial, los pobladores de tierras de jácaro - o de morro, como también se le conoce en otros países de Centroamérica - han utilizado la corteza de estas jácaras para elaborar platos y cucharas, útiles imprescindibles del hogar. Y también vasos, sencillos o decorados, donde se bebe el pinolillo o la deliciosa horchata elaborada con semilla de jícaro.

Un árbol bello pero pobre

El jícaro es un árbol lindo pero pobre. O más bien, empobrecido, como los descendientes de aquellos mayas precolombinos que lo adoraron como sagrado y le cantaron en el Popol Vuh. Al igual que ellos, el jícaro ha sido expulsado de las buenas tierras, dedicadas a más rentables cultivos agrícolas, y lanzado a zonas marginales, donde nunca hubo infraestructura de ningún tipo ni tampoco atención a los seres humanos que sobreviven en ellas.

Como árbol, su vocación es crecer en suelos franco -arenoso-arcillosos de la sabana seca, pero tuvo que adaptarse al suelo sonsocuitoso, que sólo puede utilizarse para ganadería extensiva, porque es el que le dejaron para crecer. Este suelo sonsocuitoso es malo para cualquier vegetación. Durante la época de lluvia se encharca y empantana. Y cuando llega el calor y el verano aprieta, se seca formando grandes pelotas de tierra que se cuartean y rompen raíces de las plantas. Sólo las fuertes y leñosas raíces del jícaro afrontan sin peligro ni temor el verano en estos suelos. Su dureza les permite permanecer enteras mientras a su alrededor la tierra se seca y se deshace.

Un árbol estudiado

El jícaro es un árbol que ha llamado bastante la atención de los investigadores. Los primeros estudios hechos en Centroamérica sobre sus posibilidades datan de 1948, cuando la calidad de sus proteínas interesó a un grupo de estudiosos del El Salvador. Los campesinos ya habían observado que cuando una vaca comía pulpa de jícaro, su leche era más sabrosa, más cremosa y más nutritiva. A partir de ahí se iniciaron las investigaciones. Los elementos más estudiados del jícaro fueron el aceite de la semilla y el azúcar de la pulpa que encierra la jícara. Así las cosas, y ya con bastante literatura cientifica en las manos, un ciudadado alemán, Karsten Jochim, instaló en Nicaragua en 1983 una planta procesadora de jícaras para obtener de ellas etanol y otros productos. Pero los resultados no fueron los que esperaba y desistió. El jícaro nuevamente al olvido.

Un árbol que produce muchos frutos

El aparente fracaso del señor Jochim no desalentó a Nikolaus J. Foidl que llegó a Nicaragua en 1989 al frente de un equipo de investigaciones de Austria, como resultado de un convenio patrocinado por el gobierno austríaco, entre la empresa Sucher y Holzer y la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) de Managua.

El equipo mixto de investigaciones austríacos y nicaragüenses inició hace dos años experimentos sobre las posibilidades del jícaro, sus utilidades prácticas y la inversión económica necesaria para hacer rentable su cultivo. Porque del jícaro se puede obtener aceite vegetal para consumo humano, etanol o alcohol para la industria farmacéutica o la producción de bebidas espirituosas, carbón vegetal, harina para alimento concentrado para animal y una pulpa que también sirve para elaborar ese concentrado.

Villanueva de los Jícaros

Villanueva es un municipio de Chinandega ubicado a poca distancia de la frontera con Honduras en medio de un jicaral casi infinito. Para decirlo de otro modo -menos poéticos y más comprensible-, en medio de extensas tierras marginales, buenas para nada, casi infinitas.

La población económica activa de Villanueva es, según censos oficiales, de 5,855 personas. El 22.6% de ellas se encuentra en el desempleo absoluto. El 21% son trabajadores temporales, los que les condena al desempleo absoluto durante una considerable parte del año y salarios que no dan para ahorrar durante el tiempo en que trabajan. Otro 21% son trabajadores por cuenta propia, lo que en la realidad de Villanueva significaque son casi subempleados que logran sobrevivir sólo porque no tienen ni en qué caer muertos. El 15.6% restantes son asalariados que teniendo en cuenta lo escaso salario promedio de Nicaragua -equivalente a unos cien dólares mensuales en la ciudad, menor en el campo -tampoco pueden considerarse afortunados. El resto son agricultores cooperados que, por carecer de financiamiento -sus tierras no se consideran sujetas de créditos por no ser aptas -producen poco, si es que producen.

Como consecuencia inevitable de la pobreza del municipio, nadie está interesado en invertir allí. Tampoco el gobierno. Un gobierno neoliberal no es una institución de resposabilidad nacional ni de justicia social ni tampoco de caridad. Un gobierno neoliberal sólo produce en la sociedad efectos caricaturescos, exagerando y acentuando al máximo los rasgos: alos pobres los hace mucho más pobres y a los ricos, muchísimo más ricos.

Y Villanueva, pobre de solemnidad, se depaupera sin inversión y sin infraestructura. El alcoholismo -hermano de la desesperación - y la vagancia y la delincuencia -compañeros de la falta de oportunidades y el hambre se ensañan en los vecinos de Villanueva con características de epidemia. Como mecanismo de supervivencia, los más audaces se dedican al abigeago, transportando reses robadas a la vecina Honduras.

Una luz al final del túnel

Por inmensos jicarales y por la urgencia de encontrar alguna solución a sus muchos problemas económicos, sociales y humanos, Villanueva ha sido elegida por el equipo austríaco-nicargüense para instalar allí la primera planta agroindustrial para el procesamiento del jícaro. "Sin sembrar nada por ahora. Sin invertir en infraestructura agrícola -explica Foidl -.Aprovechando solamente los árboles que ya crecen espontáneamente en los terrenos del municipio".

De momento, se proyecta instalar una pequeña planta procesadora, con un equipamiento correspondiente. El valor de este conjunto asciende a poco más de medio millón de dólares.

La pequeña planta tendrá una capacidad de producción anual de 33 mil galones de etanol, que es todo lo que Nicaragua importa cada año de este producto.

El precio de tonelada métrica de etanol en el mercado internacional es de 2 mil dólares. El proyecto la producirá a un costo de 900 dólares. Y como el precio del alcohol está regulado por el Estado, se puede trabajar en este rubro con total garantía de rentabilidad. El proyecto piloto producirá también 75 toneladas de aceite crudo con el que alimentar las refinerías de aceite comestible del país, que atraviesan grandes dificultades como consecuencia de la crisis algodonera, que les ha dejado sin su materia prima: la semilla de algodón. Actualmente, las refinerías se ven obligada a importar el 80% del consumo nacional, lo que equivale a 24 mil toneladas de aceite anuales. Las 75 toneladas de aceite crudo que puede producir el pequeño proyecto piloto que se instalará en Villanueva significan apenas el 0.4% del consumo nacional anual.

Pero aunque parezca por ahora una cantidad insignificante, no hay que perder de vista que el aceite es sólo otro de los frutos de un proyecto que comienza a producir con una inversión mínima. Y sobre todo, que los pobladores de Villanueva tendrán garantizada su comercialización.

Un proyecto para proteger el bosque

La corteza leñosa de las jícaras es excelente materia prima para la obtención de carbón vegetal, del que se consume anualmente en el país unas 20 mil 500 toneladas métricas, lo que equivale a unas mil héctareas de bosque quemado.

El proyecto de Villanueva producirá unas 250 toneladas cada año, con lo que se evitará la destrucción de unas 13 hectáreas de bosque. Quizá esta cantidad puede parecer también pequeña, pero además de salvar al menos esas hectáreas, se estará dando un primer paso en la posible y deseable industrialización de la corteza de las jícaras.

El carbón vegetal que se obtiene de la corteza de las jícaras no tiene el aspecto del carbón que usan las amas de casa, por lo que éstas podrían rechazarlo por "inservible". Para solventar este posible problema, el carbón será prensado en una máquina especial, en la que adquirirá la forma de las briquetas alargadas y negras que tiene el carbón vegetal que ya conocen.

En cuanto a la harina y a las tortas de concentrado que se obtienen como alimento para el ganado, tienen asegurado el mercado. Nicaragua es un país ganadero que importa la totalidad de estos dos productos. Y Villanueva es una zona ganadera donde los terneros y novillos lo necesitan para alimentarse. Para obtener todos estos productos, imprescindibles para la economía nacional, el nuevo proyecto utilizará apenas la mitad de las 7 mil hectáreas de los jicarales silvestres, aparentemente sin valor, que se extienden a lo largo y ancho del municipio de Villanueva.

Cuando el proyecto empiece a funcionar, en un par de año, necesitará de energía eléctrica y agua: del 5% de la energía eléctrica que llega al municipio y del 11.24% del agua que se le suministra. El servicio público de agua sólo la proporciona al 16.32% de las viviendas de Villa nueva. El resto se las arreglan con pozos. Los posibles inconvenientes que podrán surgir con la instalación del proyecto serán pocos y seguramente se resolverán pronto y los resultados positivos de la planta obligarán al gobierno a realizar inversiones de fomento que beneficiarán a los excluidos de siempre.

Objetivo: el ser humano

Entre los impactos positivos, el primero será la generación de empleos. No muchos al principio. En la planta procesadora sólo serán necesarias 11 ó 12 personas de tiempo completo, pero se necesitará de la colaboración de unos 500 cosechadores de jícaras durante 4 meses del año.

No será en cualquier mes, sino precisamente en los cuatro meses que vana desde el fin de la zafra de azúcar y de todas las otras cosechas clave del país hasta mayo, cuando se inician las labores de preparación de los suelos para el nuevo ciclo. Entre enero y mayo, esos cuatro meses de mayor desesperación y hambre en el campo.

En ese tiempo, cada uno de los cortadores de jícara podría obtener unos 200 dólares. No parece gran cosa, porque hay que dividirlo entre cuatro meses, lo que da un promedio apenas de 50 dólares mensuales.

Pero el cortador nicargüense no se mueve solo. Toda la familia le acompaña y trabaja coordinadamente. Así, una familia podría conseguir hasta 500-600 dólares en el corte, lo que equivaldría a un salario promedio al mes. Para una familia que tiene hoy como única perspectiva la muerte por inanición de alguno de sus miembros, ese salario, aún siendo pequeño, podría significar la seguridad del pan de cada día, lo que tiene un valor incalculable.

Nuevo caminos y cooperativas

La planta industrial tendrá también que pagar impuestos al municipio. De momento, se calcula que serán por lo menos 10 mil dólares anuales, que se podrían invertir en las mejoras que tanto necesita la comunidad. Finalmente, donde no hay nada, nadie invierte, pero donde hay algo que trabaja y produce con éxito, eso sirve como imán para otras inversiones y otros proyectos.

Para empezar, será necesario mejorar los caminos y carreteras, porque el proyecto está diseñado para comprar las jícaras en la planta procesadora y habrá que transportarlas hasta allí desde los jicarales por caminos que deberán estar razonablemente transitables. También tendrán que trasladarse los productos desde el punto de su elaboración hasta los centros de consumo. Todo es ajetreo potenciará los servicios de transporte y obligará a mejorar la red viaria, con todas las ventajas que esto reporta. Y quién sabe cuántos beneficios más. Para garantizar que el proyecto tenga tantos beneficios como sea posible y para que sus beneficios no vayan, como suele suceder, a las manos de los de siempre, su implementación y desarrollo se realizará por medio de cooperativas.

Mucho trabajo por hacer

"Todo esto puede lograrse con una pequeña planta que aprovecha sólo la mitad de los jicarales de un solo municipio, sin intentar mejorar ni sembrar nada -señala Foidl-. Pero ahora empieza el trabajo de verdad: para obtener mejores jícaros, con densidades óptimas y con frutos cada vez más adecuados a nuestros fines".

Según Foidl, el jícaro tiene una gran riqueza que ofrecer en el futuro. Hoy la cantidad de jícaras por árbol y año oscila entre 5 y 600, con un promedio de 60 por árbol. Su tamaño presenta grandes oscilaciones de árbol a árbol, lo que hace sospechar que un proceso científicamente controlado de mejoramiento genético logrará arboles que producirán muchos más jícaros que el promedio actual, de mayor tamaño y de más elevado contenido en proteínas, azúcares y grasas. Creciendo de forma silvestre, como ahora, las densidades oscilan entre los 20 y los 240 árboles por hectárea.

El árbol que conocemos tiene raíces muy profundas, que le permiten enfrentar las tremendas oscilaciones que sufre el suelo donde crece, que en sólo unas semanas pasa de ser un charco a estar duro como un ladrillo que se cuartea con el calor del sol. Por alcanzar tanta profundidad, las raíces del jícaro absorben nutrientes a los que otras especies no llegan. Por eso, no necesita el jícaro de fertilizantes artificiales. Tampoco necesita de insecticidas. Su largo exodo hacia las peores tierras del mundo, donde ninguna especie animal o vegetal quiere vivir, parece haberlo inmunizado contra todas las plagas.

Las pelotas verdes que los jícaros producen en su corteza son su mayor riqueza. Esas pelotas tienen una cáscara leñosa muy dura. En su interior hay una pulpa de color morado oscuro, muy esponjosa, donde se incrustan las semillas de jícaro, con las que, hasta ahora, sólo hemos producido horchata y algunas medicinas caseras.

La producción de jícaras comienza cuando el árbol tiene entre 4-5 años y alcanza máxima cota entre los 8-12 años. A partir de ese momento empieza a descender el número de jícaras.

Este es el expediente de los jícaros silvestres. Pero el equipo de Nikolaus Foidl se ha propuesto desarrollar sus investigaciones hasta lograr un árbol de jícaro que pueda vivir en desidades superiores a los 400 árboles por hectárea, con una producción por árbol de 200 jícaras y con un peso por jícara de 350-380 gramos. Con un promedio así -e incluso mucho ante- se puede emprender ya la producción industrial de etanol, que sirve como combustible para el transporte automotriz. Combustible limpio, que puede sustituir a la gasolina. Ya existen en el mundo motores diseñados para utilizar etanol y son muchos los vehículos que emplean estos motores. El único inconveniente es que si el vehículo es de gasolina hay que cambiarle el motor.

Etanol: ¿de caña o de jícaro?

La caña de azúcar es una importante fuente para la producción de etanol. Con 100 kilos de caña se pueden obtener 7 litros de este alcohol. 100 kilos de pulpa de jícara producen 6 litros. Pero la caña presenta grandes inconvenientes, que no compensan esa mayor producción. El más grave es el costo de su cultivo. La caña necesita mecanización y consume combustible, herbicidas, pesticidas y fertilizantes. El jícaro no necesita nada de esto. Crece alegremente, sin que nadie se ocupe de él.

La caña necesita de buenos suelos, que con el tiempo quedan erosionados y degradados. El jícaro crece en cualquier suelo, en las peores tierras y, pocos a poco, las enriquece y mejora mediante las hojas que caen al suelo y lo van abonando. La caña sólo produce azúcar y etanol y en sus terrenos no puede crecer nada más ni desarrollarse ninguna otra actividad agrícola. El jícaral produce aceite, etanol, carbón vegetal, torta y concentrado para el ganado. Y su sombra de encaje, poco tupida, permite asociar su cultivo con la ganadería.

En el jícaro todo se aprovecha

El proceso de transformación de las jícaras en los diferentes productos se desarrolla en distintas etapas, que tratan de aprovechar al máximo la materia prima y dejar la menor cantidad posible de desechos. El primer paso se da en una trituradora que tiene tres puertas de salida. Una para la pulpa, otra para la semilla y otra para la cáscara. La pulpa sigue un proceso de fermentación y destilado que culmina con la producción de alcohol y de un producto denominado vinaza, que sirve para alimento del ganado. La semilla, después de secarse al sol en un secador, se almacena en un silo, de donde pasa una prensa, en la que se obtiene torta para alimento del ganado y un aceite muy mezclado con harina. En una prensa filtrante se obtiene de una mezcla aceite crudo para la alimentación humana y harina, que al separarse se utiliza para la alimentación animal.

La cáscara pasa a una carbonería, donde se transforma en carbón vegetal. Durante este proceso, desprende unos gases inflamables que son aprovechados en la destilación del alcohol. Así, no se necesita otro combustible para desarrollar las operaciones que necesitan de calor pues el proyecto produce en una de sus faces gran parte del combustible que se necesita en las otras.

Lo más importante de esta jícara

Porque es árbol cuya sombra deja pasar los rayos del sol y permite que en el suelo crezca pasto en los meses lluviosos, el jícaro se asocia bien con la ganadería extensiva. Tradicionalmente, el jícaro, árbol de pobres, ha estado ligado a la ganadería de vacas flacas.

Las zonas de jicarales, y Villanueva en particular, son lugares donde se produce el hato ganadero nacional. Son los pequeños productores ganaderos de la misería zona del jícaro -entre otros sectores igualmente olvidados- los que cargan sobre sus hombros de gente trabajadoras la tremenda resposabilidad de reponer con nacimientos los decesos que la muerte, el sacrificio y el abigeato producen en la cabaña de ganadería mayor. Sin su valeroso aporte, Nicaragua ya no tendría reses.

Pero son ganaderos pobres "de vacas flacas". Pueden producir terneros, pero no pueden convertirlos en novillos. Cuando el animal empieza a ser grande, el pequeño ganadero no tiene con qué alimentarlo y se ve obligado a malvenderlo para que no se muera de hambre. Es en ese momento en el que aparece el gran "ganadero", el que nunca ve nacer un animal en sus tierras, y compra el ternero por cuatro centavos, porque un animal que pesa menos de 200 kilos no tiene todavía valor comercial.

No tiene valor comercial, pero ya ha pasado la etapa más peligrosa, cara y difícil de su desarrollo, el tiempo de la mortalidad infantil, las vacunas, los desvelos del pequeño ganadero en el establo del ternero enfermo. Y cuando esa etapa difícil ha terminado, el ganadero grande se lleva por nada unos animales, que con un año más de engorde, ya sin riesgos, podrían venderse a precios fijados en dólares por el mercado internacional.

Aunque el jícaro produce en el interior de sus jícaras color de esmeralda un alimento excelente para el engorde del ganado, precisamente cuando no hay pasto, es casi imposible para el pequeño ganadero recoger las jícaras, partir sus dura cáscara y vaciarlas en cantidades suficientes para saciar con ellas la voracidad de los terneros. Y si sólo fuesen una o dos las reses, aún se podría, pero si son diez o veinte, es imposible hacerlo sin contar con una máquina adecuada, que no existía.

Y este es otro aspecto, quizás el más importante de este proyecto, que fue concebido con carga de profundidad. El proyecto de procesamiento del jícaro sabanero pone a disposición del pequeño ganadero un alimento de altísimo contenido proteínico para su ganado en los meses sin pasto. El pequeño ganadero podrá engordar con él sus terrenos hasta que alcance los 350 400 kilos de peso y tengan un gran valor comercial, con lo que disfrutará del fruto de sus esfuerzos.

Se democratizarán así el riesgo y el beneficio. El riesgo, porque si el gran ganadero quiere vender novillos, tendrá que criar los terneros, con todas sus consecuencias y con las pérdidas correspondientes. Y se democratizará el beneficio, porque el pequeño productor podrá obtener todo el provecho de su arduo trabajo. Se repartirán equitativamente los riesgos y los beneficios. Y eso es también democracia.

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