Envío Digital
 
Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 376 | Julio 2013

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Nicaragua

“El Canal hará un daño irreversible al Lago Cocibolca”

Víctor M. Campos Cubas, ingeniero y subdirector del Centro Humboldt, organización que promueve el desarrollo territorial y la gestión ambiental, compartió algunas reflexiones sobre los riesgos ecológicos que tendría la construcción de un Canal Interoceánico por Nicaragua, en una charla con Envío que transcribimos.

Victor M. Campos Cubas

Como le sucedió a casi todos los sectores nacionales, las organizaciones ambientalistas fuimos sorprendidas por la precipitación con que se presentó, se aprobó y se firmó la concesión al empresario Wang Jing para la construcción de un Canal interoceánico por Nicaragua. El viernes 7 de junio el Presidente de la República envió a la Asamblea Nacional una iniciativa de ley para aprobar el acuerdo marco que establece las características de esa concesión. Era un texto
muy extenso, muy complejo. Sin embargo, ya el lunes 11 la Comisión parlamentaria de Medio Ambiente, con mayoría del partido de gobierno, dictaminó que se le diera paso a la iniciativa de ley. Del mismo modo, la Comisión arlamentaria
de Infraestructura, también con mayoría del partido de gobierno, redactó un par de páginas de contenido retórico y en apenas un párrafo expresó que no tenía nada que añadir ni suprimir a la iniciativa de ley enviada por el Presidente. El apresuramiento con que actuaban el Ejecutivo y los diputados del FSLN nos indicaba que apostaban a que nadie pudiera reaccionar.

Las organizaciones ambientalistas del país agrupadas en la Alianza Nicaragüense ante el Cambio Climático y en la Mesa Nacional parala Gestión de Riesgos reaccionamos. Tuvimos que leer en un par de días unas 800 páginas de los documentos legales que iban a ser aprobados. Así consensuamos las primeras reacciones y pudimos poner sobre el tapete nuestras primeras preocupaciones en un comunicado que hicimos público el 12 de junio y en el que, entre otras cosas, advertíamos: “La eventual construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua significa la mayor amenaza a las condiciones ambientales del país en su historia y el mayor riesgo de desproteger a la población nicaragüense de satisfacer sus necesidades básicas de agua y alimentación segura. Dada su relevancia, la decisión de construir El Canal debe de ser meditada, consultada y consensuada con toda la población”.

No fue así. La ley fue aprobada el 12 de junio y la concesión fue entregada al empresario Wang Jing al día siguiente. Hemos decidido seguir reuniéndonos, en primer lugar para valorar si introducimos un recurso por inconstitucionalidad contra la concesión canalera, aun sabiendo que los tribunales nicaragüenses no son confiables. Pero creemos que debemos agotar todos los recursos que tengamos a mano. Porque éste no es un asunto cualquiera. Es trascendental para el presente y para el futuro de Nicaragua.

Mucho de lo que compartiré con ustedes son algunas de las ideas que consensuamos las 30 organizaciones agrupadas en la Alianza Nicaragüense ante el Cambio Climático y la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgos.

Sabemos que la construcción de una ruta interoceánica ha estado siempre presente en la historia de Nicaragua
como un sueño… o como una pesadilla. Ha estado permanentemente en el imaginario de la población nicaragüense desde la llegada de los españoles. Fue en 1836 cuando el Poder Legislativo de entonces autorizó oficialmente por primera vez una concesión para abrir esa ruta interoceánica. Y desde entonces ha habido no sé cuántas concesiones más, hasta la más reciente: la concesión al consorcio CINN (Canal Interoceánico de Nicaragua) y a SIT-Global, dos empresas, una de capital norteamericano y otra en la que había algún capital nacional aliado con empresas de otros países.

Ninguna de estas concesiones se concretó y todas tuvieron un denominador común: todas establecían un plazo para la construcción del Canal y al culminar ese plazo la concesión quedaba invalidada y el Estado de Nicaragua no tenía ninguna obligación. La que el 14 de junio firmó el Presidente Ortega con Wang Jing, un empresario radicado en Hong Kong, es totalmente diferente: la concesión no establece ninguna responsabilidad para un determinado período de tiempo en el que debe comenzarse a construir el Canal. Tampoco establece responsabilidades importantes para el concesionario Wang Jing, a quien prácticamente sólo se le otorgan derechos. En el Acuerdo Marco firmado ese día la empresa queda fuera de toda normativa nacional, libre de toda responsabilidad administrativa, civil o penal, aun cuando incumpla con sus obligaciones.

Antes de esta concesión, en julio de 2012, la Asamblea Nacional había aprobado la Ley 800, que creó la Autoridad Nacional para la construcción del Canal. Al frente el Presidente Ortega nombró a Manuel Coronel Kautz. La Asamblea Nacional autorizó a la Autoridad a buscar los inversionistas que concretaran el proyecto. En octubre de 2012, y sin informar a la opinión pública, se firmó un Memorándum de Entendimiento entre Coronel Kautz y el empresario Wang Jing. Es sólo una hoja en la que ambos establecen la voluntad de buscar los recursos para hacer el Canal. Posteriormente, se firmó un Acuerdo de Cooperación entre Coronel Kautz y Wang Jing, texto que firmó como testigo de honor el Presidente de la República. Se trata de un documento que hasta ahora está solamente en idioma inglés, que amplía lo que decía el memorándum de entendimiento y que detalla los compromisos vinculantes entre el gobierno de Nicaragua y el empresario Wang Jing. Después, el Presidente Ortega envió a la Asamblea Nacional la iniciativa de ley. Fue entonces cuando supimos del proyecto, lo que causó la sorpresa de todos. La iniciativa de ley presidencial iba acompañada del Acuerdo Marco de Concesión y de Implementación, que es lo que se firmó el 14 de junio. La iniciativa presidencial aprobada por la Asamblea Nacional ratifica todo el Acuerdo Marco, que es el texto en donde se detallan las condicionalidades que Nicaragua asumió ante Wang Jing.

Lo usual en cualquier concesión que se entrega para la realización de cualquier proyecto es hacer primeramente los estudios que demuestran su factibilidad, definen la modalidad de su diseño y la variante técnica que se utilizará y someten todo a un estudio de impacto ambiental. A diferencia de este habitual modo de proceder, en Nicaragua se le ha entregado la concesión a un único empresario sin tener los estudios previos y, por tanto, sin saber lo que se está autorizando. El propio Presidente Ortega ha dicho que no hay estudios. Lo que no dice es por qué, si no los hay, ha entregado esa concesión.

Los estudios más recientes que tiene el país para una eventual construcción del Canal interoceánico son los que se hicieron en el gobierno del ingeniero Enrique Bolaños. Fueron más bien una recopilación de estudios anteriores. Pero para un proyecto de las dimensiones actuales no existen estudios de pre-factibilidad. Después de la firma de la concesión, hemos tenido a la vista y sólo durante unos minutos, algunos estudios y mapas, sin poder apreciar, por la premura, el nivel de detalle que tienen. Los pudimos ver en la Empresa Desarrolladora de Grandes Infraestructuras (EDGI), una empresa nicaragüense establecida en Managua bajo las leyes nicaragüenses y bajo el alero del bufete de abogados Taboada y Asociados, creada especialmente para ser la representante nacional de la empresa HKND (Hong Kong Nicaragua Development), también creada especialmente por Wang Jing para hacerse cargo de este proyecto, cuyo costo han calculado el Presidente Ortega y Wang Jing en 40 mil millones de dólares. La empresa HKND está radicada en Hong Kong y creó para este proyecto una empresa subsidiaria radicada en las islas de Gran Caimán. Si hay capital nacional invertido en el Canal deberá estar entre los propietarios de la EDGI.

Aunque en Nicaragua la Ley del Ambiente establece que toda la información que tiene que ver con nuestro medioambiente debe ser de carácter público, el Acuerdo Marco que otorga la concesión a Wang Jing establece que toda la información generada para la construcción del Canal será información confidencial.

Hay una cláusula de confidencialidad bastante estricta en la concesión. Imagínense, pues, que si en estos momentos ya tenemos problemas para acceder a otras informaciones sobre el medioambiente nacional, que no son tan relevantes, buscar información sobre la construcción del Canal será una misión casi imposible… La concepción del proyecto concesionado es modular. En el centro está el megaproyecto del Canal interoceánico y alrededor del Canal hay otros subproyectos y cada uno en sí mismo es un megaproyecto. En la concesión para la construcción del Canal se han incluido la construcción de un aeropuerto, de dos puertos de aguas profundas
-uno en el Caribe y otro en el Pacífico-, de un oleoducto que atraviese el país, de un canal seco que funcione como vía férrea para traslado de mercancías uniendo las dos costas del país, además de la construcción de dos áreas de zonas francas de libre comercio en ambas costas.

Ante la magnitud de estas obras y al carecer de estudios previos, lo que se le ha entregado al empresario Wang Jing es prácticamente toda la geografía nacional para que las empresas que inviertan decidan qué van a hacer, dónde lo van a hacer y cómo lo van a hacer, garantizándoles el Acuerdo Marco todos los permisos que necesiten, sean cuales sean sus decisiones. La ley dice expresamente que todas las entidades del Estado deben garantizarles todos los “consentimientos”. Utilizan este genérico para hablar de cualquier licencia, permiso o autorización que demanden. Y la ley dice también que cualquier retraso en la entrega de esos consentimientos que pudiera demorar la ejecución de las obras será considerada una “fuerza mayor de orden político”, cuya responsabilidad recaerá sobre el Estado de Nicaragua. Ante una legislación de estos alcances, ¿hasta dónde será cierto que si los estudios demuestran que las obras causarán daños ambientales graves no se harán esas obras? Lo aprobado nos indica que los permisos deben ser entregados en cualquier caso y que la empresa puede demandar al Estado de Nicaragua si no da los consentimientos correspondientes.
La Ley 800 de hace un año establecía que para la construcción del Canal se iba a constituir una empresa “grannacional”: una empresa nacional con otras empresas no nacionales, en la que Nicaragua mantendría el 51% de las acciones. Con esta mayoría accionaria el Estado de Nicaragua tenía la capacidad de decidir en la toma de todas las decisiones. El cambio es radical en la Ley 840, la que ahora se ha aprobado: ya no será una empresa nacional la que desarrollará el Canal y los otros proyectos. Serán empresas privadas las que lo hagan. Y el Estado no tendrá el 51% de las acciones sino que recibirá el 1% cada año hasta que al cabo de cien años tenga el 100% de las acciones.

Ante esta legislación y sin tener aún los estudios, centrémonos en algunas de las repercusiones más evidentes que la construcción del Canal interoceánico tendría sobre nuestro medioambiente. En primer lugar, debemos imaginar
a nuestro país cortado en dos de este a oeste, desde las costas del Atlántico hasta las del Pacífico, en una franja territorial cuyas dimensiones aún no se precisan, pero que será un área amplia y aislada de cualquier obstáculo que dificulte la circulación de naves por el Canal. Ese corte en nuestra geografía se convertirá en una barrera muy importante para la libre circulación de especies en el Corredor Biológico Mesoamericano.

Descartada ya la posibilidad de que la ruta del Canal pase por el río San Juan, las cuatro rutas que hoy se están contemplando pasan todas por el Gran Lago de Nicaragua, el Lago Cocibolca. Así lo han ratificado las autoridades nicaragüenses y el empresario Wang Jing, que serán los que decidirán cuál de esas cuatro será la ruta elegida. Ante las implicaciones sociales, políticas y ambientales del conjunto de megaproyectos concesionados, los ambientalistas hemos decidido centrar nuestro principal foco de atención en el Gran Lago de Nicaragua, tratando de advertir sobre los peligros que acechan a uno de nuestros más valiosos recursos naturales.

Hasta ahora, las cuatro opciones que se barajan para la construcción del Canal están en la zona sur de las cuencas hidrográficas de nuestro país. La ruta más al norte inicia en el río Escondido, un río que no viene de Bosawas. Hasta ahora no hay una conexión hídrica directa entre las rutas propuestas y la Reserva de Biosfera Bosawas, otro de nuestros más valiosos recursos naturales.

Describamos algunas características del Gran Lago para imaginar lo que sucedería si se construye el Canal. Este cuerpo de agua dulce tiene 8 mil 400 kilómetros cuadrados de superficie. Y en el 60% de esta inmensa superficie
el agua tiene cinco o menos metros de profundidad. La parte más profunda del lago está localizada hacia el sur, cerca de la isla de Ometepe, donde alcanza 12 metros y medio de profundidad. Son datos del mapa batimétrico del fondo del lago, hecho en 1972, el último con el que contamos. No ha habido a lo largo de estos años líneas de base para comparar el comportamiento de las principales variables físico-químicas de la cuenca del Gran Lago. Tenemos más información detallada sobre el río San Juan, hecha por el CIRA (Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos), un centro de excelencia a nivel regional en estos temas, uno de los dos que hay en Centroamérica.

Asumiendo, pues, las medidas que conocemos de la profundidad del lago, y sabiendo que a lo largo de estos cuarenta años ha sido enorme el depósito de sedimentos en su fondo, es lógico pensar que ha disminuido su volumen de agua útil. Por su limitada profundidad, el Gran Lago es un lago somero y todos los que hemos navegado en sus aguas hemos experimentado que hay en él mucho movimiento, un movimiento continuo de los estratos más bajos hacia los más altos. Ese continuo intercambio y ese movimiento son los que lo hacen un lago muy vivo, muy fértil en cuanto a productividad biológica.

El Canal interoceánico se piensa construir en el entendido de que pasen por él los barcos post Panamax, los construidos después de los que han ido atravesando durante años el Canal de Panamá. Esas naves son cada vez más grandes: tienen 400 metros de largo y 50 metros de ancho y por sus dimensiones pueden trasladar entre 12 mil y 14 mil contenedores de mercancías. Son barcos con un calado que va más allá de los 56 metros y que en aguas tropicales y dulces tienen aún mayor nivel de calado, porque el calado de una nave varía según la densidad y la temperatura del agua que surca.

Para que estos gigantescos barcos puedan circular por un eventual Canal por Nicaragua necesitan que el Lago les asegure hasta casi 28 metros de calado. Eso significa que no habrá otra posibilidad que “canalizar” el Lago, que se necesitará excavar en el fondo del Lago un cauce de más de 20 metros de profundidad, pues sólo ese cauce hará posible la circulación de estos gigantescos barcos. Para que haya Canal, pues, habrá que hacer un canal dentro del Lago, y en dependencia de la ruta que se elija, ese canal tendría unos 80-90 kilómetros de largo dentro de las aguas del Cocibolca.
Conociendo la cantidad de sedimentos que nuestro Lago encierra en su fondo y calculándole a ese Canal 28 metros de profundidad y unos 20 metros de ancho, habría que multiplicar los 80 kilómetros de largo que tendrá la canalización dentro del Lago por los 500 metros de ancho y por los 20 metros de profundidad del Canal excavado en el fondo del Lago y concluiremos que al abrir ese cauce dentro del Lago habrá que remover y extraer de su fondo unos 832 millones de metros cúbicos de sedimentos.

Hay algunos estudios sobre los sedimentos hechos en algún punto del Lago y en algún momento, pero no tenemos una caracterización completa de su composición, sólo alguna información sobre sus características físicas y químicas. Por lo que conocemos, sabemos que se trata de arena y de limo muy finos en la superficie, lo que significa que al removerlos se dispersarán masivamente en el espejo de agua, desmejorando obviamente la calidad del agua. ¿Y dónde se van a poner esos sedimentos? ¿Y cómo se van a transportar? Para darnos una idea de la magnitud del volumen de sedimentos que se generarían, podemos dividir los 832 millones de metros cúbicos de sedimentos removidos entre los 15 metros cúbicos promedio que usualmente carga un camión de los que tenemos en el país, y veremos que serán necesarios 55 millones 500 mil viajes para transportarlos. Tal vez exista otra solución ingenieril “que no conocemos y apenas sospechamos”…

Es sólo uno de los retos concretos de este megaproyecto. Hay más. Antes incluso del 14 de junio, cuando el Presidente Ortega firmó la concesión, ya el empresario Wang Jing había tranquilizado al gobierno de Costa Rica, preocupado porque se eligiera el cauce del río San Juan para hacer el Canal. No fue una autoridad nacional, fue este empresario, ya en su papel de dueño de la concesión, quien habló con el gobierno costarricense. Sin embargo, para hacer viable el paso de tan grandes buques por el Canal será necesario represar el río San Juan. Porque para que esos barcos se muevan por las esclusas se necesita que el Gran Lago alcance la cota de 33 metros de altura. Sólo así se garantizarán caudales capaces de subir y bajar los barcos por las esclusas. El Lago Cocibolca tiene una cota promedio de 31.10 metros. Este 5 de junio, Día Mundial del Ambiente, alcanzó un nivel de 30.71 metros, el más bajo del año. Para lograr un caudal de 800 metros cúbicos por segundo, el necesario para transportar esos enormes barcos, el nivel del lago debe tener una cota mínima de 33 metros. Y para lograr ese mínimo de 33 metros tendría que pensarse en represar el río San Juan, lo que potencialmente podría inundar zonas del territorio costarricense.

Como todos los lagos del mundo, el Cocibolca se alimenta de la cuenca hidrográfica que lo rodea. Vive del agua que le llega de los ríos de esa cuenca, de aguas subterráneas de la cuenca y de las lluvias. La cuenca 69, que es la que alimenta nuestros dos grandes lagos -el Cocibolca y el Xolotlán- y también el río San Juan, es la más extensa de Nicaragua, tiene aproximadamente 40 mil kilómetros cuadrados de superficie y en ella vive la mayoría de la población nicaragüense.

Como hay opiniones que insisten en que hay una demanda del comercio mundial para una vía interoceánica por Nicaragua que se sume a la oferta que desde hace cien años ha resuelto el Canal de Panamá, pero que ya es insuficiente, pues aun con su ampliación sólo pasaría por allí un quinto de la carga del comercio mundial, han surgido en defensa de este megaproyecto muchas comparaciones medioambientales entre el Canal de Panamá y el eventual Canal por Nicaragua.

Analicemos alguna de esas comparaciones. Por ejemplo, cómo es la cuenca que alimenta el Canal de Panamá. Cuando los estadounidenses decidieron construir ese canal a comienzos del siglo 20 estaban plenamente conscientes de que la vida del Canal dependía de la disponibilidad de agua que garantizaría esa cuenca. Por eso cercaron la cuenca, la aislaron, conservaron su cobertura boscosa original, conservaron una gran parte como área protegida
y sólo permitieron actividades agrícolas en una pequeña zona. En más del 80% de la cuenca que genera el agua que alimenta el río Chagres y el lago Gatún -que forman el agua que atraviesan los barcos que pasan por el Canal de Panamá- no hay actividades humanas. Eso ha sido así durante cien años hasta el día de hoy.

La cuenca del Canal de Panamá es mucho más pequeña que la del Cocibolca. Sólo tiene 3,300 kilómetros cuadrados
y eso la hace más manejable. La cuenca que rodea el Cocibolca es diez veces más extensa y, por tanto, garantizar los caudales de agua para que funcione el Canal supondría un nivel de inversión muy grande para reforestación y también un consenso nacional de toda la población que habita en la cuenca para manejarla y mantenerla siempre en las mejores condiciones para el uso del Canal. Si el Canal se llegara a construir, ojalá fuera un incentivo para tratar de manejar nuestro medioambiente de una manera más adecuada.

El lago Gatún, que en su tiempo fue uno de los lagos “artificiales” más grandes del mundo, tiene 425 kilómetros cuadrados. Y nuestro Lago Cocibolca tiene 8 mil 400 kilómetros cuadrados y no tiene la calma del Gatún, sino olas permanentes que podrían afectar a los super-tanqueros que lo atravesarían. Y no podemos descartar que el movimiento continuo del Cocibolca pueda provocar derrames del combustible que los barcos transportan o utilizan. Es un accidente con altas probabilidades, pues en el Lago hay oleajes fuertes y corrientes. Son una grave amenaza a considerar. Además, el recorrido de los barcos por el Cocibolca duraría tres veces más que el recorrido que hacen por
el Canal de Panamá.

También hay que tener en cuenta que la demanda de agua que tiene el Canal de Panamá en las condiciones actuales es muchísimo menor que la demanda que tendría el Canal por Nicaragua. Existe una relación entre los niveles del Lago Cocibolca y la cantidad de sus aguas que el lago saca al mar Caribe por el “desaguadero” que es el río San Juan. Con una altura de 32 metros, del lago salen al río 500 metros cúbicos de agua por segundo. Y, si para que el Canal funcione hay que mantener la altura del Lago a 33 metros, la salida de agua del lago al río será mucho más abundante. Si actualmente en el Canal de Panamá salen al mar 220 mil metros cúbicos de agua en la tarea de subir y bajar cada barco para que atraviese el Canal, en el Canal que se pretende hacer en Nicaragua, con barcos mucho mayores, puede necesitarse casi el doble de metros cúbicos para mover cada barco, casi medio millón de metros cúbicos de agua.

En el sistema de esclusas, cuya eficiencia depende de los caudales de agua disponibles, el agua dulce se va siempre al mar. Con el Canal estaríamos llevando cantidades enormes de agua dulce del Lago al mar. En la actualidad todo el mundo busca cómo conservar el agua dulce y nosotros estaríamos botándola. Casi medio millón de metros cúbicos
de agua dulce se irían con cada barco al mar. Ése es otro de los contrasentidos de este proyecto: desperdiciar agua dulce potabilizable.

Teniendo todos estos datos de fondo debemos analizar un desafío, el dilema fundamental que le plantea a nuestro país este proyecto: ¿Para qué queremos usar el agua del Lago Cocibolca? Sabemos que todas las actividades que hagamos con el agua del Lago -agricultura, pesca, turismo, cualquier otro destino- deben ser relativamente compatibles y mantener entre ellas cierta racionalidad. Sólo así garantizaremos una gestión integrada de la cuenca del Lago para que produzca agua y para que mantenga niveles ecológicos adecuados que garanticen todas esas tareas. Pues bien, con este megaproyecto estamos condenando el futuro del Gran Lago y de su cuenca a una sola y única actividad: la navegación comercial.

En el año 2009, durante la séptima Cumbre del ALBA, el Presidente de la República anunció que Nicaragua dedicaría las aguas del Lago Cocibolca para producir alimentos para la población nicaragüense y para las poblaciones de los países del ALBA y anunció un plan ambicioso: con esas aguas dijo que se irrigarían 65 mil hectáreas por año hasta llegar en diez años a 650 mil hectáreas. Lo afirmaba basado en una condición favorable que tenemos en Nicaragua: la mayor parte de los suelos irrigables de nuestro país están por debajo de los 100 metros del nivel del mar, y como el Lago está a 32 metros, el proyecto consistiría en subir las aguas del Lago por canales y por derivaciones haciendo de una manera bastante natural el riego de las tierras. Ese proyecto -para el que nunca se dio el primer paso- resulta excluyente con el proyecto del Canal. O producimos alimentos o miramos pasar barcos, no hay una solución intermedia.

Y no digamos si pensamos en el agua del Lago para el consumo humano. La Ley 620, Ley General de Aguas, establece que el Lago Cocibolca “deberá considerarse como reserva natural de agua potable, siendo del más elevado interés y prioridad nacional para la seguridad nacional”. Sin embargo, las posibilidades de potabilizar el agua del Lago son inversamente proporcionales a la construcción del Canal. ¿Se imaginan cómo la cantidad de sedimentos que provocaría la excavación de un canal en el fondo del Lago contaminaría sus aguas y dificultaría su potabilización? La población de Juigalpa ha visto recientemente cambiar su calidad de vida porque ya están bebiendo agua del lago y disponen de ella todas las horas del día. Y por eso ya se creó en Juigalpa un comité en defensa del Lago. También en San Juan del Sur ya están dependiendo del agua del Lago.

Hay quienes dicen que aunque haya Canal se podrá seguir tomando agua del lago. En Panamá, ¿la población toma agua del lago Gatún? No, los panameños la toman de los afluentes antes que lleguen al lago. No la toman del lago por donde pasan los barcos. Colón y Panamá se abastecen de la cuenca del lago Gatún, pero no del espejo de agua del mismo Gatún. Esa agua está destinada sólo para la navegación de los barcos. En Panamá la navegación comercial tiene uso preferencial.

El agua del Cocibolca es un recurso vital para todas las poblaciones que viven en las orillas del Lago. Se trata
de la seguridad hídrica de la mayoría de la población nicaragüense que habita en esa cuenca, una cuenca que garantiza una porción muy importante de la generación hídrica de nuestro país. Por todo esto, que es vital, el uso que le demos a esa cuenca y al Lago debería ser una decisión de carácter nacional y no una decisión unilateral del gobierno. Es un asunto que tiene que ver con esta generación y con las generaciones futuras. A nosotros nos parece que la prioridad de Nicaragua debe ser asegurar la soberanía alimentaria y la seguridad hídrica de nuestra población. Y eso es lo que está en riesgo con el Canal. Si no fueran 650 mil las hectáreas irrigadas sino sólo 300 mil, ya estaría bien para asegurar la producción de una cantidad de alimentos que garanticen nuestra soberanía y nuestra seguridad alimentaria.
La prioridad debe ser asegurar alimentos, asegurar agua para beber, para la producción de energía y para el aprovechamiento turístico.

Y entre las alternativas de uso de las aguas del Lago está también vender esa agua dulce potabilizable. No hace mucho vino a Nicaragua una empresa alemana a estudiar un proyecto de tuberías que transportarían agua del Lago Cocibolca a El Salvador, un país en donde el estrés hídrico es de tal magnitud que ya no dan abasto con sus propios recursos para garantizar que la población salvadoreña disponga de agua. Es un proyecto factible. Nicaragua es signataria del Principio número 15 de la Declaración de Río, que habla del “principio precautorio” en temas ambientales y que establece que “con el fin de proteger el medioambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”. El Estado de Nicaragua ha otorgado esta concesión en un proceso precipitado y sin tener en cuenta la fragilidad del ecosistema del Lago Cocibolca. Tenemos la convicción de que el Canal hará un daño grave e irreversible al Lago.

También podría esta concesión causar otros graves e irreversibles daños a otros ecosistemas. La concesión establece que la empresa inversora tiene derecho sobre todos nuestros recursos de agua. Se ha entregado un paquete completo y sin ninguna restricción. El Acuerdo Marco habla textualmente de “extender, expandir, dragar o reducir cuerpos de agua”. Autoriza a trasvasar agua de una cuenca a otra y da derechos “sobre los recursos de agua sujetos a protección y conservación”. Se han entregado todas nuestras aguas, las superficiales y las subterráneas. Prácticamente, toda la regulación y el control de las condiciones ambientales han sido transferidas a la empresa, que será quien decida cómo se usarán los recursos naturales de nuestra nación.

El día en que el Presidente Ortega firmó con el empresario el Acuerdo Marco, Wang Jing presentó como muestra de seriedad del proyecto a una serie de empresas internacionales que se encargarán de los estudios previos y de la atracción de las inversiones. Ciertamente, son empresas de prestigio internacional. La empresa británica ERM (Environmental Resources Management) hará los estudios ambientales. En Nicaragua la conocemos por haber apoyado a organizaciones con pequeñas inversiones en purificación de agua y con acciones de mitigación al cambio climático.

Sobre las credenciales de ERM, consultamos con organizaciones amigas y nos dieron una información que nos ha dejado perplejos. Y es que ERM hizo el estudio ambiental para el proyecto del oleoducto Keystone XL de arenas bituminosas, un proyecto polémico y cuestionado ambientalmente, que llevará petróleo de esquisto
-extremadamente contaminante- desde Canadá al sur de Estados Unidos. Nos informaron que se han conocido informaciones de prensa que hablan de conflicto de intereses entre la empresa propietaria del proyecto del oleoducto
y ERM. En el estudio ambiental, ERM desestimó la huella de carbono que produce este dañino combustible, argumentando que es “inevitable”. Es un dato que nos indica que por prestigiosas que sean las empresas consultoras,
y aunque en algunos casos hayan hecho estudios fiables, no están exentas de falta de responsabilidad y no son garantía de que manejen el caso de Nicaragua de la mejor manera.

Otra de las empresas contratadas por Wang Jing, en este caso la seleccionada para hacer lobby entre inversionistas, es la estadounidense McLarty&Associates, que cuenta entre sus principales funcionarios a John Negroponte.

¿Se hará el Canal? Con respecto a los plazos se está siendo excesivamente optimista. Voceros oficiales del gobierno han dicho que en dos años estarán listoslos estudios. También hay un exceso de optimismo económico: se ha anunciado un crecimiento del producto interno bruto del 10.8% en el año 2014 y del 15% en 2015 sólo por el hecho de haber firmado la concesión, cifras que son difíciles de alcanzar y de creer. Para un megaproyecto de esta naturaleza, la ley establece que el Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (MARENA) debe tomarse al menos un año para resolver si da el aval. Ante el optimismo sobre estudios que sólo tardarán dos años, y con los actuales vacíos de falta de información que tenemos, podemos sospechar que las decisiones se tomarán sin una base fiable de estudios indispensables, autorizando permisos sin el respaldo técnico necesario, decisiones que pueden poner en riesgo las condiciones ambientales del país. En cualquier caso, si todo va muy rápido, se podría esperar algún nivel de ejecución en el terreno hasta dentro de al menos tres años. Pero todo está aún por verse…

Los empresarios del COSEP protestaron por la concesión enfatizando su preocupación porque a los dueños de las tierras que serán expropiadas para los megaproyectos se les pagarán esas tierras a precio de catastro y no de mercado. Nosotros estamos más preocupados por el consentimiento previo, libre e informado que tienen que otorgar las comunidades indígenas y los pueblos originarios para que sus tierras sean ocupadas para este proyecto. En comunicación con un vocero oficial de la bancada mayoritaria en el Parlamento, ante el argumento de que había que tener en cuenta que, por ley, las tierras indígenas son inembargables, imprescriptibles e inenajenables, respondió que no se las enajenarían porque “es sólo una concesión”... Pero esa concesión es nada menos que por 100 años…

¿Podremos detener esto? Si una de las principales preocupaciones ante este megaproyecto y su concesión son los riesgos ambientales, y si en estos tiempos los mercados han adquirido sensibilidad al tema ambiental, nos parece que levantar la bandera de la causa ambiental es lo que pudiera desincentivar las motivaciones inversionistas que pudiera haber. Por otro lado, nos parece que este megaproyecto de Nicaragua no goza del consenso de Mesoamérica. Todas las reacciones que hemos visto en el primer momento -el proyecto de un canal seco por Guatemala y de otro canal seco por Honduras, todos con inversión china- expresan, sobre todo, competencia y ninguna cooperación o consenso.

¿Se hará realmente el Canal? Hay varios indicios de que ésta es una inversión difícil de conseguir en un país con la frágil institucionalidad nicaragüense y con las dimensiones limitadas de nuestra economía. ¿Cuál ha sido la transacción monetaria más grande que se ha dado en Nicaragua? ¿300 millones de dólares? ¿Habrá habido alguna de 500 millones? ¿Nuestra economía tiene capacidad de absorber una inversión de 40 mil millones de dólares? Ésta es una obra que desborda el conjunto de todas las capacidades nacionales. ¿Tendrá el MARENA la posibilidad de elaborar unos términos de referencia que sean realmente apropiados, aun llamando a los mejores especialistas nacionales?

Ya el Ministerio está trabajando en eso y ya anunciaron tres capítulos, pero conociendo nuestras capacidades nacionales creo que son insuficientes. Y las organizaciones ambientalistas tampoco tenemos ni la capacidad técnica ni los recursos para hacer estudios apropiados, que requieren mucho más que voluntad.

Sin duda, hay algunas capacidades en el país que tendrán que ser tomadas en cuenta, como por ejemplo todo lo que el CIRA ha trabajado en los registros históricos, las investigaciones que ha hecho sobre el Lago -que aunque no son todo lo sistemáticas que desearíamos- sí representan una importante información acumulada. Hay ciertamente algunas cosas que el país puede ofrecer, pero más allá de eso, creo que no podremos enfrentar con recursos nacionales el semejante desafío que se nos está echando encima.

No hay en Nicaragua ni la experiencia ni la capacidad técnica para el diseño ni para la construcción de un proyecto de esa magnitud. Aunque la industria de la construcción nicaragüense ha tenido recientemente un cierto despegue, para una obra como ésta, ni el tamaño ni la capacidad de nuestras empresas constructoras son adecuadas, son muy pequeñas. Para responder a algo de este tamaño Nicaragua debió haber vivido antes un largo proceso de formación de profesionales si lo que queremos es que nuestra población no sólo participe con palas, picos y barras en la construcción de un proyecto de este tipo. Como mano de obra, nuestra población llega a este momento sin preparación para una participación adecuada.

Por varias razones veo difícil que el megaproyecto del Canal propiamente dicho se llegue a realizar. Algunos piensan que hoy por hoy lo que tiene más valor en términos monetarios es la concesión misma. Tener un país entero en la mano para hacer lo que quieras en él en cuanto infraestructura tiene un precio alto. El empresario Wang Jing y los que lo acompañan ya han expresado que la idea es negociar con distintos inversionistas los distintos subproyectos, que también son megaproyectos. Y esto significa que los pueden negociar con empresarios de cualquier parte del mundo, sean estadounidenses o colombianos o de cualquier origen. Es probable que el empresario Wang Jing venda primero, por ejemplo, la concesión para construir el puerto de aguas profundas en el Atlántico. Y con los derechos que se le han concedido pudiera venderla a cualquier clase de inversionistas. Tal como ha sido firmada la concesión,a través de la empresa china HKND pueden llegar a Nicaragua recursos de cualquier país y de cualquier origen.

Hemos estado tratando de mover opiniones de organizaciones ambientales amigas de distintos lugares del mundo. Esperamos poder recurrir a las instancias correspondientes. Pero estamos claros que no va a ser posible cambiar la correlación de fuerzas en la que surge esta iniciativa si no es con una participación activa de toda la población. Nosotros pondremos nuestras capacidades y nuestro compromiso en esta causa. Tenemos que hacerlo multiplicando el mensaje de advertencia para que la población tome conciencia, asuma un papel más beligerante y entienda que, en su forma actual, este proyecto significa una amenaza a su vida, a su seguridad alimentaria y a su seguridad hídrica. Tenemos que llevar el mensaje de que la única ruta viable es la que no atraviese el Lago Cocibolca.

Este megaproyecto no puede ni debe analizarse en términos de costo-beneficio cuando lo que estamos valorando es algo que tiene que ver con lo más básico para la vida: el agua.
¿Cómo medir el costo de la inseguridad en que quedaría nuestra población sin tener acceso a agua con los beneficios económicos que pudiera dejar el Canal? Creo que esto va más allá de una medida simplemente econométrica. Esto tiene que ver con la vida.

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Las multitudes en las calles
Envío Revista mensual de análisis de Nicaragua y Centroamérica